Taking the auspices

Texto e ilustración propios
Little Vulture
Etimology of “auspice”

In ancient Rome, an augur was a priest who praticed divination and prediction by interpreting omens from the observed behaviour of birds. This practice is referred as “taking the auspices”.

Los gatos que hablan con la luna

Amo a los gatos, creo que está de más decirlo. Es un amor que nació en un lugar inesperado, en un momento complicado. A los 12 años descubrieron en mi tibia derecha un tumor, debía ser operado. Ese año, tuve 3 intervenciones en el Hospital Almenara para retirar dicho tumor. No lo tomé muy bien, estaba asustada, molesta y adolorida. Supongo que la pubertad y las enfermedades no mezclan bien, y aunque nunca gocé de la mejor salud, estas serían las primeras operaciones por las que tendría que pasar para deshacerme del tumor. Iba al hospital de mal humor, renegaba con mi madre, doctores y enfermeros. Lo único que disfrutaba de las visitas e internamientos en el hospital era el momento en el que iba a al comedor, ubicado en un jardín dentro del hospital. No era la comida lo que me atraía, sino ver y poder jugar con los gatos que vivían en este jardín. Cuando estaba con ellos, pasando (o huyendo) del tiempo, olvidaba mi condición de paciente y me sentía libre, libre de diagnósticos, exámenes, pruebas y medicamentos. Me enamoré de estos felinos, menguaban mi resentimiento a todo lo demás. Fueron mi escape, una ventana para calmar mi ansiedad y temor juvenil ante cosas que no entendía. El año pasó, las 3 operaciones se dieron, y regresaba a la normalidad. Durante ese año, le piqué la cabeza a mi madre con que quería tener un gato, tanto por deseo como por reclamo, a ver si ya no me volvía a llevar al hospital ya que ella no gustaba mucho de la idea, ni de los gatos. Luego, en un cumpleaños (el de mi hermana, creo), mi madrina llegaría casi de sorpresa con una gatita llamada Mona, y con ella iniciaría toda la historia llena de pelos, bigotes y ronroneos gatunos que adoro. Quería iniciar está sexta parte (o sexto gato) contando el origen de mi afecto hacia los gatos, una introducción para Maguira.

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Maguira, 2011-2018
Gatos del Almenara, 2008
Maguira en tinta, dibujo propio
Original

El canto del ʻōʻō de Kauaʻi

se escuchó el último canto

del ʻōʻō de Kauaʻi

la pequeña ave 

llamó por aquella que nunca llegaría

su final con un suspiro selló

déjà vu, su nombre y un silbido

el temor se tiñe

de avecillas extintas

ahogadas en el pozo de los deseos

donde cada mañana aviento

monedas para el realismo de la fantasía

grafías para los espejismos de desiertos

saliva para la fuente desbocada

de sus aguas solo pido claridad

del fango la humedad

de las piedras un sendero

acudo al llamado del desaparecido ʻōʻō

su eco póstumo alivia mi lengua corta,

perdona los oídos sordos

cantando al unísono de un recuerdo

su fantasma hechiza la isla de las mariposas

encantando a la Mantis decapitadora

ha descifrado su idioma

el afligido ʻōʻō renace

anidando la ilusión

en el lecho de girasol

para mis pies flotantes 

donde puedo recostar las letras

¡polen y miel para las abejas!

lleven, mensajeras

en sus alas de azúcar 

los arrullos desgarrados

aquellos del pasado

aquellos del deseo

Dibujo en tinta, propio

San Cosme y San Damián

había olvidado temerle 

a ella, agazapada tras las cortinas

habías negado sentirlo

a él, acechando en esquinas

meras afirmaciones livianas

para no perder el apetito

veíamos montañas de arcilla

moldeábamos todo lo dado

lanzando los puñados por doquier 

derramándonos sobre el otro,

nunca molestaron las manchas

confesábamos, sin embargo,

en el silencio y en el canto

la fragilidad del reloj intrépido

nuestras horas vacías 

y minutos desbordados

desmemoriados de pasos rápidos 

casi volabamos 

por no querer rozar el suelo

tropezábamos con invisibles perros callejeros 

caíamos, llorábamos, reíamos

nunca estuvimos a salvo de nada

comprabamos, regateábamos

y arrojábamos la vida cada tanto

creyendonos inmutables,

curabamos el frío con mantas de humo 

fugitivos de la impuesta realidad

obsesionados con nuestra casualidad

ignorábamos ayer el futuro

hoy, esto sola en la inopia

¿compones desde una estrella?

¿bajo un puente o sobre un lecho cálido?

tal vez solo en un verso

creías en Dios, decías orar por mí

a las oraciones yo solo las puedo escribir

falta de tu fe, te devuelvo con palabras mi credo

hermano querido

compañero de la soledad

aliado de la adversidad

cabellos despeinados y música de fondo 

donde quiera que se encuentre tu risa,

tus verdades y tus mentiras

tu llanto

espero que te envuelva solo el afecto

como el que desde este puerto profeso

endeudada contigo por no haberte pagado en verbos el cariño

la cobardía y falsa razón dominaron a la emoción

tu ausencia descubre mis sentimientos mutilados,

espinas de la rosa que entrego,

hundidas en mi propia piel

tan profundas que solo la pinza de un desaparecido puede sacar

eres ahora tan incierto 

como la dirección del viento,

pesado como la más furiosa lluvia

de posar tus pies en la tierra,

habrás de encontrarme en el mismo lugar

en los mismos parques

con las misma ropas

cerrando los ojos encuentro el consuelo

de un tú eternamente presente 

en una calle de Miraflores 

iluminando con tus grandes ojos

las grises tonalidades del cielo limeño 

quedan las canciones escritas en dos lenguas

la voz desvergonzada

nuestra irreverencias, reveladas

nada sobresaltaba a los oídos 

absorbiamos y purificabamos

con el aliento tierno del entendimiento

de aquellos para quienes la ridiculez y la pena son naturaleza

que tan buenos o malos éramos no importaba

éramos hermanos desterrados

encontrando hogar en la voz del otro

en sincronía, dimos dos vueltas al tornasol 

si habrá una tercera

solo el viento lo dirá 

preciso, ahora, una última verdad

y el verso, que te gustaba tanto, es lo único que te puedo entregar

ya no queda más por decir

piense cuánto piense

no encuentro como buscarte

es una despedida agria, incompleta

cuando la última letra haya culminado su duelo

el silencio aún susurrará tu nombre

derrotada expiro este último aliento 

un adiós y un te quiero que no llegarán a ti

pero vivirán, hoy y siempre, por ti

Postal de Comas, Lima / Acuarela, pr

Duda

Entre el amor, la locura y la muerte

¿cuál se llevó el mejor cuento?

De sus versos incendiados

¿cuál llama fue la que encendió el espacio?

El amor espera serlo. Con su amplio repertorio y numerosas menciones, tanto honrosas como deshonrosas, podría decirse que lleva más páginas en su haber. Obediente y escurridizo, no se sabe si habla más fuerte en su presencia o ausencia. Calmo y tierno por ratos, lejano y funesto por otros; tiene la fertilidad de un vacío que descubre cíclicamente su chispa adecuada. 

Por qué no fue la tuya la que esculpió mi maravilla 

Si asida a mi mano emprendiste el vuelo

Tantas mis noches  y tan pocas tus lunas

La locura no exige ni cuestiona, al fin y al cabo, no le importa. Si es amada u odiada, le es indiferente. Si tiene las mejores frases o las más insípidas palabras, ella sigue tan imperturbable en su estado espiralado. Casi nunca explícita, crece y expande en cada letra; disolviendo su transparencia tras haber creado. 

No necesitas exhalarme en tus saltos

Mi nombre no es más importante que el silencio

Se derrama como el tiempo

La muerte se muestra absoluta. No admite alteraciones ni sueños. Se alimenta de deseo, temor, u hojas secas; come de todo y hambre no le falta. Presente desde los primeros amaneceres, inclina la balanza en la que la vida observa, paralizada, un ascenso de vertical decadencia. Mas ninguna se inquieta, pues encuentra el rostro de la otra a su espalda, moneda eviterna. 

Amada, estudiada e inherente 

Marco los latidos y conecto los segundos 

De mi altar compones y en mi sombra entierras

Da igual, supongo, cuál se encontró con las palabras más bellas. Mientras intentaba divisar la vía Láctea, comprendí que la inmensidad del lenguaje podría ser comparada con la de la galaxia. La fosforescencia del amor brilla como las estrellas, la locura lleva la frescura y fluidez de la brisa nocturna, y la reminiscencia de la muerte es tan antigua como el sol. La fidelidad al anonimato que prohíbe, el fanatismo a la lógica que pretende y la caprichosa fijación que limita se quedan pegados en la pestaña que se desprende de un parpadeo cansado. La noche ha caído, y con ella, todo lo demás renace. 

Camino/Path

mano agarrotada 2

Vino en la garganta y letras en las venas. Hace unas semanas que rehuyo la escritura como quien se esconde de una sombra. La rutina se transformó en complicado ritual. Pero no la puedo dejar, me fascina y atrapa con su dulce aroma de creación libertadora, hasta dejarme seca. Escribo y borro mis palabras, la mano realiza un errático vaivén horizontal, el temblor permanece. Necesito nuevas o renovadas ideas, pero todo lo que viene se va tan fácilmente. La idea se niega a formarse por completo, y el cuerpo, aburrido, divaga entre dibujos, pasos y demás actividades ajenas a la del teclado. No hay nada que escribir, nada nuevo bajo el sol ni en mis palabras recicladas. Yerto y plano, así se ha paralizado el vocabulario. Quiero generar revolución, pero la ilusión no dura. La fantasía se derrumba, y la torre babélica de palabras perece ante la inercia verbal.

preámbulo

fueron las palabras

quienes trepando desde los dedos

se cobijaron bajo tu lengua

y refugiaron de aquel tormento

erigiste un hogar para el desamparo

aclarando el infortunio

lanzandolo por la ventana indiscreta

de nuestra guarida arcana

tan cálido el aposento

que olvidé desviar el brillo de los ojos encandilados 

de la semilla seca rebrotó la primera hoja

y por querer probar la fruta, ahogué la tierra

ahora que callas

las palabras, exiliadas, regresan a los desiertos 

vagan nuevamente, sedientas y ciegas 

palpando el vacío de tu silencio

susurrando perdón al viento

mano agarrotada

la última hoja de la bitácora se asoma

ninguna imagen tras las pupilas

ni en los dedos de grafito

parece que la idea perdió su punta

faltando centímetros del borde

si ya no existen más que letras desiertas 

y la comunidad letrada ha tomado 

total libertad de las islas 

de arena blanca y marea negra

qué he de hacer con esa hoja que incompleta

no desea ser arrugada, rota o quemada

su blanco vacío reclama un punto, 

una línea o una curva

solo puedo responderle con una letra,

una palabra y una oración 

se niega a mis palabras, quiere que me zambulla en ella y de su inmensidad nívea surjan las formas

la proximidad de un final que he negado

el comienzo inminente de otro que he rebelado

y las palabras recicladas que casi 

subsisten con nada

cuánto más tendrá que girar el bumerang guionado

hasta que contemple, pasivamente, 

un último retorno 

y se aleje, por siempre, de la mano agarrotada

Hueco/Hollow